martes, 15 de julio de 2008

Letra D

DESEO:
Al cabo de tres jornadas, andando hacia el sur, el hombre se encuentra en Anastasia, ciudad bañada por canales concéntricos y sobrevolada por cometas. Debería ahora enumerar las mercancías que aquí se compran a buen precio: ágata ónix crisopacio y otras variedades de calcedonia; alabar la carne del faisán dorado que aquí se asa sobre la llama de leña de cerezo seco y se espolvorea con mucho orégano; hablar de las mujeres que he visto bañarse en el estanque de un jardín y que a veces- así cuentan- invitan al viajero a desvestirse con ellas y a perseguirlas en el agua. Pero con estas noticias no te diré la verdadera esencia de la ciudad: porque mientras la descripción de Anastasia no hace sino despertar los deseos, uno tras otro, para obligarte a ahogarlos, a quien se encuentra una mañana en medio de Anastasia los deseos se le despiertan todos juntos y lo rodean. La ciudad se te aparece como un todo en el que ningún deseo se pierde y del que tú formas parte, y como ella goza de todo lo que tú no gozas, no te queda sino habitar ese deseo y contentarte. Tal poder, que a veces dicen maligno, a veces benigno, tiene Anastasia, ciudad engañosa: si durante ocho horas al día trabajas tallando ágatas ónices crisopacios, tu afán que da forma al deseo toma del deseo su forma, y crees que gozas de toda Anastasia cuando sólo eres su esclavo. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, I, Las ciudades y el deseo. 2, 1972, Siruela, 2002, p. 27, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]

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En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.

Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una figura con otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que en un instante todas las combinaciones se agotan y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así entre quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo de un bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos.

Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de la fantasía se detendría. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, III, Las ciudades y los intercambios. 2, 1972, Siruela, 2002, pp. 65-6, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]



DESIERTO:

Ver frontera [Italo Calvino, Las ciudades invisibles , I, Las ciudades y el deseo. 3, 1972,

Siruela, 2002, pp. 32-3, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]



DESORDEN:

Afirman los impíos que el disparate es normal en la biblioteca y que lo razonable (y aún la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de “La Biblioteca febril”, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira. [Jorge Luis Borges, “Ficciones”, La Biblioteca de Babel, 1941]



DIBUJO:
Los pasos que da un hombre, desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, dibujan en el tiempo una inconcebible figura. La inteligencia divina intuye esa figura inmediatamente, como la de los hombres un triángulo. Esa figura (acaso) tiene su determinada función en la economía del universo. [Jorge Luis Borges]



DIOS:

Objeto no. 11

Dios…………..Yo soy Dios.

El niño

Que cataloga ….¿QUIÉNES SOMOS?

¿POR QUÉ nos hallamos aquí?

¿A DÓNDE vamos?

¿QUÉ significa todo esto?

Dios……………Yo soy Dios.

Thrope………… Dios es la demostración de la transferencia de la responsabilidad.

El miedo de estar solo- de ser un huérfano, sin padre.

Dios es partenogenético, hermafrodita.

Dios es un paraguas, una máquina que prohíbe y permite.

Un modelo de paracaídas para salvarnos de la caída.

ALGUNOS DICEN QUE CON DIOS SE VUELA.

OTROS DICEN QUE CON DIOS SE VIVE UNA SOLEDAD

INFINITA.

Dios es un sencillo aparato, el ingenio humano es equiparable al

Problema del vacío.

Dios es convincente gracias a las palabras.

Las palabras son deliciosamente ambiguas, permiten infinidad de

Lecturas que deberían contenernos a todos.

[Peter Grennaway, “100 objetos para representar el mundo”, 1997]



DOLOR:
El dolor es un instante; su permanencia, una representación
.

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