ECO:
El eco tiene una función cardinal en la obra de Gironella y consiste en la repetición casi maniaca de ciertas imágenes, sometidas a deformaciones y mutilaciones inquietantes. El eco es la manifestación rítmica de la obsesión: a través de las repeticiones y variaciones la imagen obsesiva se convierte en ritmo. Más exactamente una metáfora de la obsesión: a través de repeticiones y variaciones la imagen obsesiva se convierte en ritmo.[Octavio Paz, Las obvisiones de Alberto Gironella, Catálogo de la exposición Alberto Gironella. Barón de Beltenebros, Museo del Palacio de Bellas Artes, México, 2003, Edit. R. M., p.35, t. c.]
Alguien Podría objetar que cuanto más tiende la obra a la multiplicación de los posibles, más se
aleja del unicum que es el self de quien escribe, la sinceridad interior, el descubrimiento de la propia verdad. Al contrario, respondo, ¿qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles. [Italo Calvino, “Seis propuestas para el próximo milenio”, Multiplicidad]
En la obra de Cragg el punto de partida es la observación, más que las referencias culturales.
[…] El lenguaje escultórico actual de Cragg es una defensa de la imagen como espacio de la pasión, donde el objeto se relaciona con el discurso orgánico y erótico. […]
En una entrevista declaraba este artista que hay un tipo de información sobre las cosas que surge cuando se atraviesa la ciencia o la metafísica, y se accede a algo próximo, aunque sea metafóricamente, a la “estructura química” Que aparta el fantasma de la banalidad, esa sombra que Cragg reconoce en el arte de nuestro tiempo en muchos frentes.
Cragg señala que el artista inventando un vocabulario más complejo contribuye a entender el mundo, del que él es sólo un pequeño fragmento: observar es una actividad que permite reflejar nuestra existencia; en definitiva, el arte es “una celebración de la vida”. [Fernando Castro Flórez “Paisaje nómada” en el catálogo Cragg, Centro de Arte Reina Sofía, 1995]
Ver Astronomía [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, IX, Las ciudades y el cielo. 4, 1972, Siruela, 2002, pp. 152-53, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
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Ver Evolución [Georges Perec, La vida instrucciones de uso, Tercera parte, LVIII, Gratiolet, 1, 1778]
ESCONDIDO:
Ver Felicidad [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, IX, Las ciudades escondidas.2, 1972, Siruela, 2002, pp. 156-7, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
No es que quiera que esté muerto. El escritor. Pero ya empieza a hartarme con su bola de papeles que saco todas las noches del cesto. Miro unas hojas al azar y veo otra vez que no escribió más que una línea y la misma en cada hoja qué tomadura de pelo. Un día entero para escribir en diez o veinte ejemplares Quedarse para siempre habitado por el fervor. Eso fue ayer. Y hoy La felicidad no es más que una sola y esto hasta arriba de una página en blanco qué desperdicio. Yo respeto el papel desde que trabajé en la prensa. Si se toma uno el trabajo de fabricarlo. De calandrarlo y todo, sin contar con los árboles sacrificados no es para que un fulano rompa páginas enteras en las que sólo hay unas palabras sin valor.
Las hojas las pongo juntas con una pinza que me volé de la oficina.
A Briciola ―que un día se inquieta porque estoy golpeando un eje torcido, cerca de la oficina que habría que respetar como a una iglesia, donde el escritor pasa la mejor parte del día y ella me dice, No hagas ruido está trabajando― le propongo, ¿Quieres que te enseñe lo que ha producido desde que estoy aquí? Una frase repetida en diez páginas. Y puras pendejadas.
Primero se enoja grita, ¿Adónde fuiste a meter tu pinche hocico? Luego se calma.
Dice, Bueno. Ahora ya lo sabes.
Y como no parezco saber dice, Es que no le funciona bien la cabeza. [Annie Saumont, No soy un camión, Reflexiones de un pinche pendejito: yo, 1989, Verdehalago, 1997, pp.77 y 78, tr. Arturo Vázquez Barrón.]
Y creo que entre las utopías y esos emplazamientos que son totalmente diferentes, las heterotopías, habría sin duda una especie de experiencia mixta, intermedia que es el espejo. El espejo es al fin y al cabo una utopía, pues es un lugar sin lugar. En el espejo me veo donde no estoy, en un espacio irreal que se abre virtualmente detrás de la superficie; estoy allí, allí donde no estoy, una suerte de sombra que me da mi propia visibilidad, que me permite mirarme allí donde estoy ausente: la utopía del espejo. Pero es igualmente una heterotopía en la medida en que el espejo existe realmente y en virtud de que tiene un efecto recíproco con respecto al lugar que ocupo: es a partir del espejo como me encuentro ausente del lugar en el que estoy, porque me veo allí. A partir de esa mirada que en cierto modo se dirige a mí, desde el fondo de ese espacio virtual que es el otro lado del espejo, vuelvo a mí y vuelvo a dirigir la vista hacia mí mismo y a reconstruirme aquí donde estoy; el espejo funciona como una heterotopía en el sentido en el que convierte este lugar que ocupo en el momento de mirarme en absolutamente real, y, a la vez, en relación con el espacio que lo rodea, en absolutamente irreal, ya que para ser percibido tiene que pasar por ese punto virtual del allí. [Michel Foucault, Espacios diferentes, Conferencia pronunciada el 14 de marzo de 1967 en el Cercle d’études architecturales, París. Publicado en Architecture. Mouvement. Continuité, 5 (octubre, 1984) 46-49.]
Ver América [Georges Perec, Especies de espacios, Europa, 1974, t. c.]
EVOLUCIÓN:
El segundo proyecto entra en el campo de la metafísica: para demostrar que, según la expresión del profesor H. M. Tooten, “la evolución es una impostura”, Gratiolet está llevando a cabo un inventario exhaustivo de todas las imperfecciones e insuficiencias que sufre el organismo humano: la posición vertical , por ejemplo, sólo asegura al hombre un equilibrio inestable: nos aguantamos de pie gracias únicamente a la tensión de los músculos, lo cual es una fuente permanente de fatigas y molestias para la columna vertebral, que, aunque es efectivamente dieciseis veces más fuerte que si fuera recta, no le permite llevar al hombre cargas considerables a la espalda; los pies deberían ser más anchos, más abiertos, más específicamente aptos para la locomoción, y no son sino manos atrofiadas que han perdido el poder prensil; las piernas no tienen fuerza bastante para llevar el cuerpo cuyo peso las dobla, además de que cansan el corazón, que está obligado a hacer subir la sangre casi un metro, de ahí los pies hinchados, las várices, etc.; las articulaciones de la cadera son frágiles y están constantemente sujetas a artrosos o a fracturas graves (cuello del fémur); los brazos están atrofiados y se han quedado demasiado delgados; las manos son frágiles, sobre todo el dedo meñique que no sirve para nada, el vientre no tiene ninguna protección, como tampoco la tienen las partes genitales; el cuello es rígido y limita la rotación de la cabeza, los dientes no permiten morder lateralmente, el olfato es casi nulo, la visión nocturna más que mediocre, la audición muy insuficiente; la piel sin pelo no ofrece ninguna defensa contra el frío, en resumidas cuentas, de todos los animales de la creación, el hombre a quien se suele considerar el más evolucionado de todos, es en realidad el más desvalido. [Georges Perec , La vida instrucciones de uso, Tercera parte, LVIII. Gratiolet, 1, 1978, Anagrama, 2001, pp. 327-328, tr. Josep Escué]
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Cinoc vino a vivir a la calle Simón-Crubellier en 1947, unos meses después de la muerte de Hélène Brodin-Gratiolet, cuyo piso alquiló. De buenas a primeras les planteó a los vecinos de la casa, y sobre todo a la señora Claveau, un problema difícil : ¿cómo había que pronunciar su apellido ? Naturalmente la portera no se atrevía a llamarlo « Sinoque ». (1) Se lo consultó a Valéne, que propuso « Cinoche », a Winckler, que era partidario de « Tchinotch », a Morellet, que se inclinaba por « Cinots », a la señorita Crespim que sugirió « Chinosse », a François Gratiolet, que preconizó « Tsinoc », y por último al señor Echard que, siendo bibliotecario versado en grafías foráneas y en las consiguientes maneras de emitirlas, demostró que, dejando a un lado la eventual transformación de la « n » central en « gn » o « nj » y dando por sentado teóricamente que la « i » e pronunciaba « i » y la « o » « o », había cuatro maneras de pronunciar la primera « c » : « s », « ts », « ch », y « tch », y cinco la última : « s », « k », « tch », « ch » y « ts » y, por lo tanto, teniendo en cuenta la presencia o la ausencia de tal o cual acento o signo diacrítico así como las particularidades fonéticas de tal o cual lengua o dialecto, cabía escoger entre las veinte pronunciaciones siguientes :
SINOSSE SINOK SINOTCH SINOCH SINOTS
TSINOSSE TSINOK TSINOTCH TSINOCH TSINOTS
CHINOSSE CHINOK CHINOTCH CHINOCH CHINOTS
TCHINOSSE TCHINOK TCHINOTCH TCHINOCH TCHINOTS
Tras lo cual, fue una delegación a formularle la pregunta al principal interesado, que respondió que ni él mismo sabía cuál era la manera más correcta de pronunciar su apellido. El patronímico original de su familia, el que había comprado oficialmente su bisabuelo, un talabartero de Szczyrk, en las Oficinas de Estado Civil del Palatinado de Cracovia era Kheinhof; pero de una generación a otra, de una renovación de pasaporte a otra, ya fuera porque no les había untado bastante la mano a los jefes de servicio alemanes o austriacos, ya fuera porque se había dirigido a empleados húngaros, poldavos, moravos o polacos, que leían “v” y transcribían “ff” o apuntaban “c” cuando oían “tz”, o porque habían topado con gente a la que no costaba nada caer en un analfabetismo relativo y era un poco dura de oído cuando se trataba de suministrar documentación a un judío, al apellido no le había quedado nada de su pronunciación ni de su ortografía; Cinoc recordaba que su padre le contaba cómo le hablaba el suyo de ciertos primos que tenía, que se llamaban Klajnhof, Keinhof, Klinov, Szinowcz, Linhaus, etc. ¿De qué manera se había transformado Kleinhof en Cinoc? Cinoc no lo sabía a ciencia cierta; lo único seguro era que la “f” final se había sustituído un día por ese signo particular (b) con que los alemanes representan la “s” doble; después había desaparecido seguramente la “l” o se había cambiado por una “h”; así se habría llegado a Khinoss o Kleinose, y de ahí, tal vez, a Kinoch, Chinoc, Tsinoc, Cinoc, etc. De todas formas era realmente secundario que se pronunciara de un modo o de otro.
Cinoc, que tenía a la sazón unos cincuenta años, ejercía una profesión curiosa: como decía él mismo, era “matapalabras”: trabajaba en la actualización de los diccionarios Larousse. Pero, mientras otros redactores se dedicaban a la búsqueda de voces y significaciones nuevas, él, para dejarle sitio, debía eliminar todas las palabras y acepciones que habían caído en desuso.
1. Sinoque escrito así es un término de argot que significa “chiflado” (N. T.)
EXPORTACIÓN:
La presencia de un autorretrato en aquella serie única se imponía con la fureza de una evidencia, pero su forma propia le fue dictada, afirma el pintor, por seis años de continuos incordios por parte de Hacienda, al cabo de los cuales logró hacer triunfar por fin su punto de vista. Su problema era el siguiente : Hutting vendía más de las tres cuartas partes de su producción en Estados Unidos, pero, naturalmente quería pagar los impuestos en Francia, donde le gravaban mucho menos ; la cosa en sí era perfectamente lícita, pero, encima, quería que sus ingresos constaran no como « ingresos percibidos fuera de Francia » -que era lo que hacía Hacienda, calculándolos de este modo casi sin desgravación-, sino como ingresos procedentes de productos manufacturados exportados al extranjero », susceptibles de beneficiarse, por medio de cuantiosas desgravaciones, del apoyo concedido por el Estado
a la exportación. Ahora bien: ¿acaso existía en el mundo algún producto que mereciera el calificativo de manufacturado con más razón que un cuadro pintado por la mano de un Artista? El inspector de Hacienda no tuvo más remedio que admitir esta evidencia etimológica, pero se vengó acto seguido negándose a considerar como productos “manufacturados franceses” unos cuadros que se habían pintado a mano, por descontado, pero en un estudio situado al otro lado del Atlántico ; hubo que librar una brillante batalla oratoria para dejar bien sentado que la mano de Hutting seguía siendo francesa cuando pintaba en el extranjero y, por lo tanto, aun reconociendo que Hutting, nacido de padre americano y madre francesa, disfrutaba de la doble nacionalidad, había que reconocer el beneficio moral, intelectual y artístico que procuraba a Francia la exportación de la obra de Franz Hutting al mundo entero, y aplicar, por tal motivo, a sus ingresos todas las perecuaciones deseables, victoria que celebró Hutting representándose a sí mismo con la figuara de un Don Quijote que perseguía con su larga lanza a unos flacos y pálidos funcionarios vestidos de negro, que abandonaban el Ministerio de Hacienda, como abandonan las ratas un barco que se va a pique. [Georges Perec, La vida instrucciones de uso, Tercera parte cap. LIX Hutting, 2, 1978, Anagrama, 2001, pp. 334-335, tr Josep Escué]
EXTINCIÓN:
Ver Fauna [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, IX, Las ciudades escondidas. 4, 1972, Siruela, 2002, pp. 166-7, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]

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