martes, 22 de julio de 2008

Letra B

BANDERA:

Dos significados se han atribuido a mis pinturas de la bandera americana. Uno dice: “Ha pintado una bandera de tal manera que no se piensa en ella como bandera, sino sólo como pintura”. El otro es: “Mediante la forma en como la pinta, se la puede ver como bandera y no como pintura”.

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El cuadro de una bandera trata siempre de una bandera; pero creo que no trata más de una bandera que de una pincelada, un color o la estructura física de la materia pictórica.

[Jasper Johns, cit. Tilman Osterwol, Pop Art, cita 1 y 2: Jasper Johns, p. 165 y p. 158 respectivamente; ilustración: Retrospectiva-Las fuentes del Pop, p. 135, 1999, Taschen, tr. Carmen Sánchez Rodríguez, t. c.]



BELLEZA:

Lo que es bello es lo que no es peligroso. Esto lo he experimentado en contacto con la naturaleza, cuando en la costa occidental de Irlanda miraba desde un acantilado cómo rompían las olas. Mirando comprendí algo sobre el acantilado: el acantilado existe porque es un acantilado. Esto suena muy tautológico, pero los acantilados están ahí porque son lo suficientemente resistentes. Si fueran de arena ya se los habría tragado el mar. Se mira desde los acantilados porque se trata de acantilados y se comprende lo que en ellos se reúne: una increíble fuerza energética. […] Si uno se sienta donde rompen las olas, presiente la muerte y resulta feo.

[…] En el momento en el que no tenemos una visión de conjunto consideramos que algo es feo. Las montañas desde la distancia son bellísimas, y siguen siéndolo cuando cruzamos un valle con un buen aprovisionamiento y suficiente agua, o si sabemos donde se halla la fuente más cercana y podemos saciar la sed. Siempre y cuando no perdamos nuestro equilibrio, todo es maravilloso. ¡Pero ay de nosotros si resbalamos! [Tony Cragg, Entrevista hecha por Heinz Norbert Jocks para el catálogo de “Cragg” en Centro de Arte Reina Sofía]



BORREGO:
Bebe, come. Ella dice, Ahora duérmete. Nos acurrucamos en la colcha de borregos. Cuarenta borregos dibujados con una línea negra, que pacen cuarenta manojos de hierba amarilla, contamos, sabemos contar, y además en la costura diez mitades de borrego. A veces los borregos son ligeros. Copos. Nubes. A veces los borregos pesan una enormidad. Es cuando no tenemos sueño, dijo ella, te acuerdas, era dulce como un cordero.

Para dormir basta con contar los borregos. Pero para contar los borregos de la colcha hay que sentarse en la cama y encender la lámpara. Ella entra y protesta. Ya te dije, por favor. Nos hundimos bajo el rebaño. Nos llevan entre las patas. Patas con pezuñas. [Annie Saumont, No soy un camión, Acuérdate, 1989, Verdehalago, 1997, p. 84, tr. Arturo Vázquez Barrón.]


BOSTEZO:
Los años que van de 1885 a 1898 fueron como las primeras horas de la tarde en una casa rica llena de salones espaciosos; quiero decir, el momento anterior al té. Entonces no se creía en nada, salvo en las buenas maneras. Y la esencia de las buenas maneras consiste en disimular el bostezo. Y el bostezo puede definirse como un aullido silencioso. [Gilbert K.
Chesterton]


BREVEDAD:
Entonces lo embargaba a veces un sentimiento de tristeza insoportable ; pensaba en los demás, en todos aquellos que ya no estaban allí, en todos aquellos a los que ya se habían tragado la vida o la muerte : […]

Entonces volvía a pasar revista una vez más a la triste ronda de las mudanzas y las pompas fúnebres, las agencias y sus clientes, los fontaneros, los electricistas, los pintores, los empapeladores, los embaldosadores, los instaladores de moquetas : pensaba en la vida sosegada de las cosas, en las cajas de vajilla llenas de virutas, en las cajas de libros, en la cruda luz de los bombillos bailando en la extremidad de su hilo, en la lenta colocación de los muebles y los objetos, en el lento acostumbrarse del cuerpo al espacio, en toda aquella infinidad de acontecimientos minúsculos, inexistentes, irrelatables –elegir un pie de lámpara, una reproducción, un bibelot, colocar entre dos puertas un alto espejo rectangular, disponer delante de una ventana un jardín japonés, tapizar con un tejido floreado los estantes de un armario-, en todos aquellos gestos ínfimos en los que se resumirá siempre del modo más fiel la vida de un piso y que vendrán a transtornar de vez en cuando, imprevisibles e ineluctables, trágicas o benignas, efímeras o definitivas, las bruscas rupturas de una cotidianidad sin historia : un día huiría la pequeña Marquiseaux con el joven Réol, un día decidirá marcharse la señora Orlowska sin ñotivos aparentes, sin verdaderos motivos ; un día la señora Altamont disparará un tiro al señor Altamont y empezará a chorrear la sangre sobre los baldosines barnizados del comedor ; un día vendrá la policía a detener a Joseph Nieto y encontrará en su habitación, disimulado en una de las bolas de cobre de la gran cama imperio, el célebre diamante que le robaron en otros tiempos al príncipe Luigi Voudzoï.


Un día sobre todo, desaparecerá toda la casa, morirán la calle y el barrio. Hará falta tiempo.



BUHO:

Gato emplumado. [Ramón Gómez de la Serna, “Greguerías”, t. c.]

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