ALTERNATIVA:
O bien, arraigarse, encontrar o dar forma a las raíces de uno, arrancar al espacio el lugar que será el nuestro, construir, plantar, apropiarse milímetro a milímetro de la “propia casa”: pertenecer por entero a nuestro pueblo, saber que uno es de la región de Cévennes o de Poitou.
O bien no llevar más que lo puesto, no guardar nada, vivir en un hotel y cambiar a menudo de hotel y de ciudad y de país; hablar, leer indiferentemente cuatro o cinco lenguas; no sentirse en casa en ninguna parte, pero sentirse bien en casi todos los sitios. [Georges Perec, Especies de espacios, El campo 3, Alternativa nostálgica (y falsa):, 1974, Montesinos, 1999, pp. 110-112, tr. Jesús Camarero, t. c]
AMÉRICA:
europa
Una de las cinco partes del mundo.
viejo continente
Europa, Asia y África
nuevo continente
¡Eh, chicos, que nos han descubierto!
(un indio que acaba de ver a Cristóbal Colón)
[Goerges Perec, Especies de espacios, Europa, 1974, Montesinos, 1999, p. 116, tr. Jesús Camarero, t. c.]
AMOR:
El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero. [Ramón Gómez de la Serna, Greguerías]
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
En la contemplación platónica hay participación, no reciprocidad: las formas eternas no aman al hombre; en cambio, el Dios cristiano padece por los hombres, el Creador está enamorado de sus criaturas. [Octavio Paz, La llama doble, 1993, Seix Barral, 1993, p.]
AMOR DE LEJOS :
No se volvieron a ver los diez amos siguientes, pero se escribieron dos veces por semana unas cartas cada vez más enamoradas. Elzbieta logró convencer muy pronto a sus padres para que le hicieran estudiar francés y árabe porque se iría a Tunicia a vivir con su marido Boubaker. Mucho más difícil le resultó a él; durante meses estuvo peleando para convencer a su padre, que lo tenía aterrorizado desde siempre, de que por nada del mundo quería faltarle al respeto : seguiría fiel a la tradición islámica y a la enseñanza del Corán y, aunque se casara con una occidental, no iba vestir a la europea ni se iría a vivir a la ciudad francesa.
El problema más arduo consistió en obtener las autorizaciones necesarias para el viaje de Elzbieta a Tunicia. Fueron más de dieciocho meses de triquiñuelas administrativas, tanto por parte de los tunecinos como de los polacos. Entre Tunicia y Polonia existían acuerdos de cooperación por los cuales podían ir estudiantes tunecinos a Polonia a estudiar ingeniería, mientras los dentistas, agrónomos y veterinarios polacos tenían la posibilidad de ir a trabajar como funcionarios a los Ministerios de Sanidad o Agricultura tunecinos, pero Elzbieta no era ni dentista ni veterinaria ni agrónoma y, durante un año, todas las solicitudes de visado que hizo, acompañadas de las explicaciones que quiso, le fueron devueltas con la indicación : « No responde a los criterios definidos por los acuerdos invocados. » Fue preciso, tras una serie de negociaciones particularmente complejas, que consiguiera saltarse los organismos oficiales y fuera a contar su historia a un subsecretario de Estado, para recibir, a los seis meses escasos, un contrato como traductora intérprete en el consulado de Polonia en Túnez –la administración tuvo por fin en cuenta que era licenciada en árabe y francés.
Aterrizó en el aeropuerto de Tunis-Carthage el uno de junio de mil novecientos sesenta y seis. Hacía un sol radiante y ella resplandecía de dicha, libertad y amor. Entre la multitud de tunecinos que, desde las terrazas, hacían grandes gestos a los recién llegados, buscó con los ojos a su prometido, sin verlo. Varias veces se habían enviado fotos, él jugando al fútbol, o con bañador en la playa de Salammbo, o con chilaba y babuchas bordadas al lado de su padre, que apenas le llegaba al hombro, ella esquiando en Zakopane o saltando con un caballo de arzón. Estaba segura de reconocerlo y, sin embargo, cuando lo vio, vaciló un segundo : estába en el vestíbulo, justo al otro lado del control de policía, y lo primero que le dijo fue :
-¡Si no has crecido nada !
Cuando se conocieron, en Parçay-les Pines, tenían la misma estatura ; pero, mientras que él sólo habíacrecido veinte o treinta centímetros, ella hacía por lo menos sesenta más ; medía un metro setenta y siete, y él no llegaba al metro cincuenta y cinco; ella parecía un girasol en el corazón del verano; él seco y arrugado como un limón perdido en un armario de la cocina.
Lo primero que hizo Boubaker fue llevarla a ver a su padre. Era escribano público y calígrafo. Trabajaba en un minúsculo cajón de la Medina ; allí vendía carteras para escolares, estuches y lapiceros, pero sus parroquianos iban más que nada a pedirle que les escribiera sus nombres en diplomas y certificados, o a que les copiara frases sagradas en pergaminos que enmarcaban luego. Elzbieta lo descubrió acuclillado, con una tablilla en el regazo, calzaba la nariz con gafas de cristales gruesos como culos de vaso, afilando sus plumas con aire de importancia. Era un hombre bajo, flaco, muy envarado, de tez aceitunada y mirar falso, con una sonrisa abominable, desconcertado y mudo con las mujeres. En dos años , apenas si dirigió un par de veces la palabra a su nuera. El primer año fue el peor, Elzbieta y Boubaker lo pasaron en la casa del padre, en la ciudad árabe. Tenían una habitación para ellos, un espacio donde sólo cabía la cama, sin luz, separado de las habitaciones de los cuñados por tabiques delgados, a través de los cuales Elzbieta se sentía no sólo escuchada sino también espiada. Ni siquiera podían comer juntos ; él comía con su padre y sus hermanos mayores ; ella tenía que servirlos en silencio o volverse a la cocina con las mujeres y los niños, donde la hartaba su suegra a fuerza de besos, caricias, golosinas, y agotadoras jeremiadas sobre su vientre y sus riñones y preguntas casi obsenas sobre la índole de caricias que le hacía o le pedía a su marido.
El segundo año, después de dar a luz a su hijo, que recibió el nombre de Mahmoud, se rebeló y arrastró en su rebeldía a Boubaker. Alquilaron un piso de tres habitaciones en la ciudad europea, en la calle de Turquie, tres habitaciones altas y frías, amuebladas horriblemente. Una o dos veces fueron invitados por compameros europeos de Boubaker ; una o dos veces organizó ella cenas insulsas para cooperantes insípidos ; el resto del tiempo, tenía que insistir durante semnasa para ir a comer los dos a un restaurante ; él buscaba cada vez una excusa para quedarse en casa o salir solo.
Tenía unos celos tenaces y quisquillosos ; todas las tardes, cuando su mujer volvía del consulado, tenía que contarle, con los menores detalles, todo lo que había hecho y enumerar a los hombres a quienes había visto, cuánto tiempo habían pasado en su despacho, qué le habían dicho, qué había contestado, dónde había ido a almorzar y por qué había pasado tanto rato hablando por teléfono con fulanita de tal, etc. Y las veces que iban juntos por la calle y se volvían los hombres al paso de aquella belleza rubia, le hacía unas escenas terribles, apenas llegaban a casa, como si fuera responsable del color rubio de sus cabellos, la blancura de su tez y el azul de sus ojos. Sentía que hubiera querido secuestrarla, sustraerla para siempre a los ojos ajenos, guardársela para su mirada sola, su sola adoración muda y febril.
Tardó dos años en calcular la distancia que mediaba entre los sueños que habían acariciado durante diez años y aquella realidad mezquina que, de allí en adelante, iba a constituir su vida. Empezó a odiar a su marido y, volcando en su hijo todo el amor que había experimentado, decidió huir con el niño. Gracias a la complicidad de unos compatriotas suyos, logró abandonar Tunicia clandestinamente, a bordo de un buque lituano, que la desembarcó en Nápoles, desde donde se trasladó a Francia por vía terrestre… [Georges Perec , La vida instrucciones de uso, Tercera parte, LVII. La señora Orlowska (habitaciones de servicio, 11), 1978, Anagrama, 2001, pp. 318-320, tr. Josep Escué]
ANARQUIA:
- Estaba esperándole a usted- dijo Gregory-. ¿Podemos cambiar dos palabras?
- Con mil amores. ¿De qué se trata?- preguntó Syme algo inquieto.
Gregory dio con el bastón en el poste del farolillo, y después, señalando el árbol, dijo:
- De esto y de esto: del orden y de la anarquía. Aquí tiene usted su dicho orden, aquí en
esta miserable lámpara de hierro, fea y estéril; mire usted, en cambio la anarquía, rica, viviente, productiva, en aquél espléndido árbol de oro.
- Sin embargo- replicó Syme pacientemente-, note usted que, gracias a la luz del farol, puede usted ver ahora mismo el árbol. No estoy seguro de que pudiera usted ver el farol a la luz del árbol. [G. K. Chesterton, El hombre que fue jueves, 1908]
ANTICUARIO:
En lugar de la muerte del objeto, hablaremos de su hibernación. [Abraham A. Moles, Whal, “Kitsch y objeto”]
ANTIGüEDAD:
En Japón la antigüedad no tiene su sustancia ideal en la piedra como en Occidente, donde un objeto o un edificio se considera antiguo sólo si se le conserva materialmente. Aquí estamos en el universo de la madera: lo antiguo es lo que perpetúa su diseño a través de la continua destrucción y renovación de los elementos perecederos.
[Italo Calvino, Colección de arena, El templo de madera, 1984, Siruela, 1998, pp. 195-196, tr. Aurora Bernárdez]
ARQUITECTURA:
La arquitectura es una prueba excelente de la verdadera fortaleza de una sociedad, porque las cosas de más valor en lo humano son las cosas irrevocables; por ejemplo, el matrimonio. Y la arquitectura se aproxima más que ningún otro arte al estado de irrevocable, por lo difícil que es desembarazarse de sus obras. El lector puede volver un cuadro de cara a la pared; sería, en cambio, una considerable perturbación volver cara a al pared la catedral de Rouen. El lector puede hacer pedazos un poema; pero únicamente en momentos de extraordinaria y sincera emoción podría el lector hacer pedazos el edificio del Ayuntamiento de su ciudad. Un edificio es semejante a un dogma; es insolente como un dogma. Sea o no permanente, aspira a la permanencia como un dogma. Se suele preguntar por qué no tenemos arquitectura típica del mundo moderno, como tenemos en pintura el impresionismo. Seguramente y con toda evidencia es porque no tenemos dogmas suficientes; no podemos resistir ver en el cielo nada que sea sólido y durable, nada en el cielo que no cambie como sus nubes. [ G. K. Chesterton, Enormes minucias, En la Plaza de la Bastilla, Espasa-Calpe Argentina, 1946, tr. Rafael Calleja, p. 51]
ARTISTA:
La mayoría tiene facultades para la actividad reflexiva y cabe suponer que se han pensado muchos pensamientos geniales sin haber sido expresados, que muchos se han expresado de manera confusa (…) y muchos más se han olvidado (…) Los individuos identificables son los filósofos- personas que piensan de manera reflexiva-, los poetas que utilizan palabras (…) para infundir sentido y expresión a los paisajes, objetos y experiencias humanas y, en tercer lugar, los artistas. (…)
El poeta enriquece el mundo que describe y al mismo tiempo las palabras que utiliza. Es evidente que el artista sabe que existen las palabras y que también puede hacer uso de ellas, pero el hecho más importante es la reorganización ( a veces solamente una propuesta) de los materiales en imágenes y formas, que se ofrecen como símbolos complejos de nuevas experiencias, percepciones y libertades. [Tony Cragg, Escritos, catálogo para “Cragg” en Centro de Arte Reina Sofía”]
ASTRONOMÍA:
Llamados a dictar las normas de la fundación de Perinzia, los astrónomos establecieron el lugar y el día según la posición de las estrellas , trazaron las líneas cruzadas del decumano y del cardo orientadas la una siguiendo el curso del sol y la otra siguiendo el eje en torno al cual giran los cielos, dividieron el mapa según las doce casas del zodíaco de manera cada templo y cada barrio recibiese el justo influjo de las constelaciones oportunas, fijaron el punto de las murallas donde se abrirían las puertas previendo cada que cada una un encuadrase un eclipse de luna en los próximos mil años. Perinzia- aseguraron- reflejaría la armonía del firmamento; la razón de la naturaleza y la gracia de los dioses darían forma a los destinos de sus habitantes.
Siguiendo con exactitud los cálculos de los astrónomos, fue edificada Perinzia; gentes diversas vinieron a poblarla; la primera generación de los nacidos en Perinzia empezó a crecer entre sus muros, y llegaron a su vez a la edad de casarse y tener hijos.
En las calles y plazas de Perinzia hoy encuentras lisiados, enanos, jorobados, obesos, mujeres barbudas. Pero lo peor no se ve; gritos guturales suben desde los sótanos y los graneros, donde las familias esconden a sus hijos de tres cabezas o seis piernas.
Los astrónomos de Perinzia se encuentran frente a una difícil alternativa: o admitir que todos sus cálculos están equivocados y que sus cifras no consiguen describir el cielo, o revelar que el orden de los dioses es exactamente el que se refleja en la ciudad de los monstruos. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, IX, Las ciudades y el cielo. 4, 1972, Siruela, 2002, pp. 152-53, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
AUSENCIA:
Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno del otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.
Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan a tal punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplado fascinados su propia ausencia. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, V, Las ciudades y los ojos. 3, 1972, Siruela, 2002, p. 91, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
AZUL:
Ver PALINDROMA
AVENTURA:
No sé si los demás son como yo en estas cosas, pero por mi parte es siempre el mal tiempo, el que puede llamarse tiempo inútil, el que estimula en mí el impulso de la acción y de lo novelesco. En los brillantes días azules no tengo ganas de que ocurra nada; el mundo está completo y bello; es un objeto para contemplar. No se me ocurre pensar en aventuras bajo esa cúpula de turquesa; como no se me ocurre pensar en aventuras cuando estoy en el templo. Pero cuando el fondo –el ambiente- de la vida de la vida del hombre es un ambiente-un fondo-gris, entonces, en nombre de da la sacra supremacía del hombre, se me antoja pintar, sobre ese fondo. Fuego y sangre. Cuando el cielo fracasa, el hombre se niega a fracasar.[G. K. Chesterton, Enormes minucias, El secreto de un tren, Espasa-Calpe Argentina, 1946, tr. Rafael Calleja, p. 18]

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