MAPA:
En Eudoxia, que se extiende hacia arriba y hacia abajo, con callejas tortuosas, escaleras, callejones sin salida, chabolas, se conserva un tapiz en el que puedes contemplar la verdadera forma de la ciudad. A primera vista nada parece semejar menos a Eudoxia que el dibujo del tapiz, ordenado en figuras circulares, entretejido de hebras de colores esplendorosos, cuyas tramas alternadas puedes seguir a lo largo de toda la urdimbre. Pero si te detienes a observarlo con atención, te convences de que a cada lugar del tapiz corresponde un lugar de la ciudad y que todas las cosas contenidas en la ciudad están comprendidas en el dibujo, dispuestas según sus verdaderas relaciones que escapan a tu ojo distraído por el trajín, la pululación, el gentío. Toda la confusión de Eudoxia, los rebuznos de los mulos, las manchas del negro humo, el olor del pescado, es lo que aparece en la perspectiva parcial que tú percibes; muestra sus verdaderas proporciones, el esquema geométrico implícito en cada uno de sus mínimos detalles.
Perderse en Eudoxia es fácil, pero cuando te concentras en mirar el tapiz, reconoces la calle que buscabas en un hilo carmesí o índigo o amaranto que dando una larga vuelta te hace entrar en un recinto de color púrpura que es tu verdadero punto de llegada. Todo habitante de Eudoxia compara con el orden inmóvil del tapiz una imagen de la ciudad, una angustia que son suyas y cada uno puede encontrar escondida entre los arabescos una respuesta, un relato de su vida, las vueltas del destino.
Sobre la relación misteriosa de dos objetos tan diferentes como el tapiz y la ciudad se interrogó a un oráculo. Uno de los dos objetos- fue la respuesta- tiene la forma que los dioses dieron al cielo estrellado y a las órbitas en que giran los mundos; el otro no es más que un reflejo aproximado, como toda obra humana.
Los augures estaban seguros desde hacía tiempo de que el armónico diseño del tapiz era de factura divina; en este sentido se interpretó el oráculo, sin suscitar controversias. Pero tú puedes del mismo modo extraer la conclusión opuesta: que el verdadero mapa del universo es la ciudad de Eudoxia tal como es, una mancha que se extiende sin forma, con calles todas en zigzag, casa que se derrumban una sobre otra en una nube de polvo, incendios, gritos en la oscuridad. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, VI, Las ciudades y el cielo. 1, 1972, Siruela, 2002, pp. 109-10, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
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Objeto no. 56
Thrope…… Puedo ofrecerles conocimiento y experiencia
Desde su alta ventana pueden ver el mundo,
Mejor entendido como un mapa.
Un mapa, para mostrar
PLANOS, GRÁFICOS, DIAGRAMAS, CÓDIGOS, ESCALA,
La transición de tres a dos dimensiones,
La vista aérea.
Un mapa puede decirles al instante donde han estado, donde están
Y a dónde irán- tres tiempos en uno.
Y el mundo en miniatura, el mundo como esquema, el mundo en escala
Menor.
Para viajar por los mapas necesitarán un caballo.
[Peter Greenaway, “100 objetos para representar el mundo”, 1997]
MARCO:
Crear un marco para cada cosa,
Para que cada cosa sepa por donde entrar.
Y después,
Romper con ella el marco,
Para que cada cosa sepa por donde irse,
Sin romperse ella misma.
[Roberto Juarroz, “Poesía vertical VII”]
MASAS:
Ver IGUALDAD [Andy Warhol, cit. Tilman Osterwol, Pop Art, Los símbolos de la época-Temas del Pop Art, 1999, Taschen, p. 30, tr. Carmen Sánchez Rodríguez, t. c.]
MEMORIA:
Ese teatro del pasado que es nuestra memoria. [Gaston Bachelard, [La poética del espacio]
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-Dime una ciudad más- insistía.
- …Desde allí parte el hombre y cabalga tres jornadas entre gregal y levante… […] Su repertorio podía considerarse inagotable, pero esta vez le tocó a él rendirse. Era el alba cuando dijo:- Sire, ya te he hablado de todas las ciudades que conozco.
- Queda una de la que no hablas jamás.
Marco Polo inclinó la cabeza.
-Venecia- dijo el Kan.
Marco sonrió.
-¿Y de qué crees que te hablaba?
El emperador no pestañeó.
-Sin embargo nunca te he oído pronunciar su nombre.
Y Polo:
Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia.
-Cuando te pregunto por otras ciudades, quiero oírte hablar de ellas. Y de Venecia cuando te pregunto por Venecia.
-Para distinguir las cualidades de las otras he de partir de una primera ciudad que permanece implícita. Para mí es Venecia.
-Entonces deberías empezar cada relato de tus viajes por el lugar de partida, describiendo Venecia tal como es, toda entera, sin omitir nada de lo que ocurre en ella.
[…]
-Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras, se borran- dijo Polo_. Quizás tengo miedo de perder Venecia de una vez por todas si hablo de ella. O quizás hablando de otras ciudades, la he ido perdiendo poco a poco.
[Italo Calvino, Las ciudades invisibles, VI, 1972, Siruela, 2002, p. 100, tr. Aurora Bernárdez]
MERCURIO:
La concentración y la craftmanship de Vulcano son las condiciones necesarias para escribir las aventuras y las metamorfosis de Mercurio. La movilidad y la rapidez de de Mercurio son las condiciones necesarias para que los esfuerzos interminables de Vulcano sean portadores de significados, y de la informe ganga mineral cobren forma los atributos de los dioses, cetros o tridentes, lanzas o diademas. El trabajo del escritor debe tener en cuenta tiempos diferentes: el tiempo de Mercurio y el tiempo de Vulcano, un mensaje de inmediatez obtenido a fuerza de ajustes pacientes y meticulosos; una intuición instantánea que, apenas formulada, adquiere la rotundidad de lo que no podía ser de otra manera; pero también el tiempo que corre sin otra intención que la de dejar que los sentimientos y los pensamientos se sedimenten, maduren, se aparten de toda impaciencia y de toda contingencia efímera. [Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Rapidez]
METANARRATIVA:
El movimiento moderno universal, que por lo general se concibe como una corriente positivista, tecnocéntrica y racionalista, se han identificado con la creencia en el progreso lineal, las verdades absolutas, la planificación racional de órdenes y la normalización del conocimiento y la producción. El pos,odernismo, por otra parte, favorece la existencia de « la heterogeneidad y las diferencias en cuanto fuerzas liberadoras en la redefinición del discurso cultural ». La fragmentación, la indeterminación y la intensa desconfianza producidas por todos los discursos « totalizadores » (por hacer uso de una expresión frecuente) constituyen el sello distintivo del pensamiento posmoderno. El redescubrimiento del pragmatismo por parte de la filosofía (como sucede en Rorty, 1979) , el cambio de ideas acerca de la filosofía de la ciencia propiciado por Kuhn (1962) y Feyerabend (1975), la importancia que concede Foucault a la discontinuidad y la diferencia en la historia y el que favorezca « las correlaciones polimórficas en lugar de la causalidad, sencilla o compleja », los nuevos avances matemáticos que subrayan la indeterminación (teoría de catástrofes y del caos, geometría fractal…) y la reaparición de « lo otro » reflejan una transformación generalizada y profunda en « la estructura del sentir ». Lo que tienen en común todos estos ejemplos es el rechazo de las « metanarrativas » (interpretaciones teóricas a gran escala que pretenden tener una aplicación universal). [David Harvey , The condition of posmodernity, 1980 cit. Peter Watson en Historia intelectual del siglo XX, 2000]
MIRAR:
Un templo cerca de Osaka tenía una vista maravillosa sobre el mar. Rikyu hizo plantar dos setos que ocultaban totalmente el paisaje, y al lado mandó colocar una pileta de piedra. Sólo cuando el visitante se inclinaba para tomar el agua en el hueco de las manos, su mirada se encontraba la mirilla oblicua entre los dos setos, y se le abría la vista del mar ilimitado. (…) A quien le interrogaba sobre el porqué del seto, Rikyu se limitaba a citar los versos del poeta Sogi: Aquí, un poco de agua. / Allá entre los árboles el mar. [Italo Calvino, Colección de arena, Los mil jardines, 1984]
MODERNIDAD :
Ver Historia [Robert Hudges, cit. Klaus Honnef, Arte contemporáneo, Entre tradición e inovación, 1991, pp. 29 y 34, tr. Carmen Sánchez Rodríguez]
MODA:
Inconstancia frívola [Gilles Lipovetsky, “EL imperio de lo efímero”, 1987]
MOVIMIENTO:
Que el absoluto necesita renovarse, moverse para conservarse. Vida en eterno y constante movimiento (…) no sabemos hacia dónde vamos ni de dónde venimos o para qué, pero nos está prohibido detenernos, si lo haces pereces y, aún así, la naturaleza te pondrá de nuevo en circulación. (…) Decíamos que podemos ser errantes, emular a los caracoles y cargar nuestra casa, dormir cuando resulte necesario. El sueño parece un paraje, pero no lo es del todo. Una trampa: dormimos para recuperarnos y seguir caminando, cambiando. No hay parajes: no hay casa. [Virginia Bonilla, 2003]
MUDANZA:
Al entrar en el territorio que tienen por capital Eutropia, el viajero no ve una ciudad sino muchas, de igual importancia y no disímiles entre sí, desparramadas en una vasta y ondulada meseta. Eutropia no es una sino todas esas ciudades al mismo tiempo; una sola está habitada, las otras vacías; y esto ocurre por turno. Diré ahora cómo. El día en que los habitantes de Eutropia se sienten abrumados de cansancio y nadie soporta más su trabajo, sus padres, su casa y su calle, las deudas, la gente a la que hay que saludar o que te saluda, entonces toda la ciudadanía decide trasladarse a la ciudad vecina que está ahí esperándolos, vacía y como nueva, donde cada uno tendrá otro trabajo, otra mujer, verá otro paisaje al abrir las ventanas, pasará las noches con otros pasatiempos, amistades, maledicencias. Así sus vidas se renuevan de mudanza en mudanza entre ciudades que por su exposición o su declive o sus cursos de agua o sus vientos se presentan cada una con algunas diferencias de las otras. Como sus respectivas sociedades están ordenadas sin grandes diferencias de riqueza o de autoridad, el paso de una función a otra se produce sin grandes sacudidas; la variedad está asegurada por la multiplicidad de las tareas, de modo que en el espacio de una vida es raro que alguien vuelva a un oficio que ya ha sido el suyo.
De este modo la ciudad repite su vida siempre igual, desplazándose hacia arriba y hacia abajo en su tablero de ajedrez vacío. Los habitantes vuelven a recitar las mismas escenas con actores cambiados; repiten las mismas réplicas con acentos combinados de otra manera; abren alternadamente la boca en bostezos iguales. Sola entre todas las ciudades del imperio, Eutropia permanece idéntica a sí misma. Mercurio, dios de los volubles, a quien está consagrada la ciudad, cumplió este ambiguo milagro. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, IV, Las ciudades y los intercambios. 3, 1972, Siruela, 2002, pp. 78-9, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]
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Mudarse
Dejar un apartamento. Desocupar una casa. Levantar el campo. Despejar. Ahuecar el ala.
Inventariar ordenar clasificar seleccionar
Eliminar tirar vender
Romper
Quemar
Bajar desellar desclavar despegar desatornillar descolgar
Desconectar soltar cortar sacar desmontar doblar cortar
Enrollar
Empaquetar embalar apretar anudar apilar juntar
Amontonar atar envolver proteger recubrir cerrar apretar
Recoger llevar levantar
Barrer
Cerrar
Marcharse
[Georges Perec, Especies de espacios, 5 Mudarse, 1974, t. c.]
MUSEO:
Y entonces los fragmentos del primer esplendor que se habían salvado adaptándose a tareas más oscuras, eran nuevamente desplazados, custodiados bajo campanas de cristal, encerrados en vitrinas, posados sobre cojines de terciopelo, y ya no porque pudieran servir todavía para algo sino porque a través de ellos se quería recomponer una ciudad de la cual ya nadie sabía nada.
Otros deterioros, otras exuberancias se han sucedido en Clarisa. Las poblaciones y las costumbres han cambiado varias veces; quedan el nombre, la ubicación y los objetos más difíciles de romper. Cada nueva Clarisa, compacta como un cuerpo viviente, con sus olores y su respiración, exhibe como una joya lo que queda de las antiguas Clarisas fragmentarias y muertas. No se sabe cuándo los capiteles corintios estuvieron en lo alto de las columnas; sólo se recuerda uno de ellos que durante muchos años sostuvo en un gallinero la cesta donde las gallinas ponían los huevos y de allí pasó al Museo de los Capiteles, alineado con los otros ejemplares de la colección. El orden de la sucesión de las eras se ha perdido; es creencia difundida que hubo una primera Clarisa, pero no hay pruebas que lo demuestren; los capiteles podrían haber estado antes en los gallineros que en los templos, en las urnas de mármol podía haberse sembrado antes albahaca que huesos de difuntos. Con seguridad sólo esto se sabe: cierto número de objetos se desplaza en un espacio determinado, tan pronto sumergidos en una cantidad de objetos nuevos, tan pronto destruyéndose sin ser sustituidos; la norma es mezclarlos cada vez y hacer la prueba nuevamente de juntarlos. Tal vez Clarisa ha sido siempre un revoltijo de trastos despostillados, heteróclitos, en desuso. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, VII, Las ciudades y el nombre. 4, 1972, Siruela, 2002, pp. 119-20, tr. Aurora Bernárdez]

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