martes, 15 de julio de 2008

Letra L

LECTOR:
¿Y si, al igual que yo la miro mientras lee, ella asestase un catalejo sobre mí mientras escribo? Me siento al escritorio de espaldas a la ventana y hete aquí que noto un ojo detrás de mí que aspira el flujo de las frases, guía el relato en direcciones que se escapan. Los lectores son mis vampiros. Siento una multitud de lectores que asoman la mirada por encima de mis hombros y se apropian de las palabras a medida que se depositan sobre el folio. No soy capaz de escribir si hay alguien que me mira; siento que lo que escribo no me pertenece. Quisiera desaparecer, abandonar a la espera que apremia en sus ojos el folio metido en la máquina, a lo sumo mis dedos que golpean las teclas. [Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, VIII Del diario de Silas Flannery, 1979, Siruela, 2003, pp. 182-183, tr. Esther Benítez]


LEVEDAD:
La levedad para mí se asocia con la precisión, no con la vaguedad y el abandonarse al azar. Paul Valéry ha dicho: “Il faut être léger comme l’oiseau, et non comme la pluma”. [Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio , Levedad]


LIBRO :
Conque has visto en el periódico que había salido Si una noche de invierno un viajero, nuevo libro de Italo Calvino, que no publicaba hacía varios años. Has pasado por la librería y has comprado el volumen. Has hecho bien.

Ya en el escaparate de la librería localizaste la portada con el título que buscabas. Siguiendo esa huella visual te abriste paso en la tienda a través de la tupida barrera de los Libros Que No Has Leído que te miraban ceñudos desde mostradores y estanterías tratando de intimidarte. Pero tú sabes que no debes dejarte acoquinar, que entre ellos se despliegan hactáreas y hactáreas de los Libros Que Puedes Prescindir de Leer, de los Libros Hechos Para Otros Usos Que La Lectura, de los Libros Ya Leídos Sin Necesidad Siquiera De Abrirlos Pues Pertenecen A La Categoría De Lo Ya Leído Aun Antes de Haber Sido Escrito. Y así superas el primer cinturón de baluartes y te cae encima la infantería de los Libros Que Si Tuvieras Más Vidas Que Vivir Ciertamente Los Leerías También De Buen Grado Pero Por Desgracia Los Días Que Tienes Que Vivir Son Los Que Son. Con rápido movimiento saltas sobre ellos y caes entre las falanges de los Libros Que Tienes Intención De Leer Aunque Antes Deberías Leer Otros, de los Libros Demasiado Caros Que Podrías Esperar A Comprarlos Cuando Los Revendan A Mitad De Precio, de los Libros Idem De Idem Cuando Los Reediten En Bolsillo, de los Libros Que Podrías Pedirle A Alguien Que Te Preste, de los Libros Que Todos Han Leído, Conque Es Casi Como Si Los Hubieras Leído También Tú. Eludiendo esos asaltos, llegas bajo las torres del fortín, donde ofrecen resistencia.

los Libros Que Hace Mucho Tiempo tienes Programado Leer,

los Libros Que Buscabas Desde Hace Años Sin Encontrarlos,

los Libros Que Se Refieren A Algo Que Te Interesa En Este Momento,

los Libros Que Quieres Tener Al Alcance De La Mano Por Si Acaso,

los Libros Que Podrías Apartar Para Leerlos A Lo Mejor Este Verano,

los Libros Que Te Faltan Para Colocarlos Junto A Otros Libros En Tu Estantería,

los Libros que Te Inspiran Una Curiosidad Repentina, Frenética Y No Claramente Justificable.

Hete aquí que te ha sido posible reducir el número ilimitado de fuerzas en presencia a un conjunto muy grande, sí, pero en ciualquier caso calculable con un número finito, aunque este relativo alivio se vea acechado por las emboscadas de lo Libros Leídos Hace Tanto Tiempo Que Sería Hora De Releerlos y de los Libros Que Has Fingido Siempre Haber Leído Mientras Que Ya Sería Hora De Que Te Decidieses A Leerlos De Veras.

Te liberas con rápidos zigzags y penetras de un salto en la ciudadela de las Novedades Cuyo Autor O Tema Te Atrae. También en el interior de esta fortaleza puedes practicar brechas entre las escuadras de los defensores dividiéndolas en Novedades De Autores O Temas Completamente Desconocidos (al menos para ti) y definir la atracción que sobre ti ejercen basándote en tus deseos y necesidades de nuevo y de no nuevo (de lo nuevo que buscas en lo no nuevo y de lo no nuevo que buscas en lo nuevo).

Todo esto para decir que, rápidamente con la mirada los títulos de los volúmenes expuestos en la librería, has encaminado tus pasos hacia una pila de Si una noche de invierno un viajero con la tinta aún fresca, has agarrado un ejemplar y lo has llevado a la caja para que se estableciera tu derecho de propiedad sobre él.

Has echado aún un vistazo extraviado a los libros de alrededor (o mehor dicho, eran los libros los que te miraban con el aire extraviado de los perros que desde las jaulas de la perrera municipal ven a un excompañero alejarse tras la correa del amo venido a rescatarlo) y has salido. [Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, I, 1979, Siruela, 2003, pp. 24-26, tr. Esther Benítez]


LONTANANZA:
Irene es la ciudad que se ve al asomarse al borde de la meseta a la hora en que las luces se encienden y en el aire límpido se distingue allá en el fondo la rosa del poblado: donde es más densa de ventanas, donde se pierde en senderos apenas iluminados, donde amontona sombras de jardines y levanta torres con luces de señales; y si la noche es brumosa, un difuminado claror se hincha como una esponja lechosa al pie de las caletas.

Los viajeros de la meseta, los pastores con sus rebaños trashumantes, los pajareros que vigilan sus redes, los ermitaños que recogen raíces, todos miran hacia abajo y hablan de Irene. El viento trae a veces una música de bombos y trompetas, el chisporroteo de los petardos entre las luces de una fiesta; a veces el desgranarse de una metralla, la explosión de un polvorín ene l cielo amarillo de los fuegos encendidos por la guerra civil. Los que miran desde arriba hacen conjeturas acerca de lo que está sucediendo en la ciudad, se pregunta si estaría bien o mal encontrarse en Irene esa noche. No es que tengan intención de ir- y de todos modos los caminos que bajan al valle son malos- pero Irene imanta miradas y pensamientos del que está allá en lo alto.

Al llegar a este punto Kublai Kan espera que Marco hable de Irene tal como se la ve desde dentro. Y Marco no puede hacerlo: qué es la ciudad que los de la meseta llaman Irene, no ha conseguido saberlo; por lo demás, poco importa: si se la viera estando en medio sería otra ciudad; Irene es un nombre de ciudad a lo lejos, y si uno se acerca, cambia.

La ciudad es una para el que pasa sin entrar, y otra para el que está preso en ella y no sale; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver; cada una merece un nombre diferente; quizás de Irene he hablado ya bajo otros nombres; quizás no he hablado sino de Irene. [Italo Calvino, Las ciudades invisibles, VIII, Las ciudades y el nombre. 5, 1972, Siruela, 2002, pp. 134-5, tr. Aurora Bernárdez, t. c.]


LLUVIA:
Arriba una nube se deshoja, abajo todo se moja. [Monserrat, 12 años]


LUZ:
Ver PALINDROMA

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Luz, tú que eres la esencia de todo, el poder creador de todas las criaturas, tú que viajas en el espacio, dirige tus rayos que nos deslumbran, para que pueda yo contemplar esta verdad, la más bella que pueda contemplarse: la luz que está ahí y en todas partes. Ese soy yo. [Isa Upanisad, 17]

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